Un poema errante
Nunca te enamores de la novia de tu mejor amigo. Sobre todo si su corazón aún le pertenece. Es un amor frágil. Achacoso. Enfermizo. Con la única promesa de una larga convalecencia que no te dejará cicatrizar. Porque lo que está condenado a morir joven corre el riesgo de eternizarse. El dolor, el desconsuelo y la angustia nunca se olvidan. El placer sí. No buscaba una relación larga. La última no terminó bien. Murió estrangulada por un millón de discusiones etéreas y un par de sueños de grandeza. Pero cuando tu habitación sabe a cerveza caliente y las paredes se estrechan tanto que no te dejan respirar. Cuando el teléfono enmudece. Ríe. Se burla. Te ignora. Cuando vuelves a ir y vuelves a venir. Cuando te sientas aquí y te levantas allí. El mismo silencio. Las mismas paredes. El mismo sabor. Cuando el reloj atrasa y el polvoriento vinilo sigue girando tras la última canción… entonces te armas de valor y vuelves a salir. ...