Sobre la retórica
Un buen amigo me confesó que disfrutaba mucho con mis escritos, pero que daba demasiadas vueltas para descubrir la trama. Exceso de adorno. De aderezo. Y es posible que tenga razón. El ser humano posee esa tendencia innata por expresar sus opiniones y pensamientos de forma constante, tratando de influir en los demás. No es tarea fácil. Cuando les falta consistencia ―o directamente no les asiste la razón― suelen recurrir al viejo arte del hermoseamiento, con el fin de poder condimentar el argumento. Si te apetece entrecot y te traen una ensalada, muy bueno debe ser el aliño para hacerte olvidar la carne. Así que me lo tomé como una crítica constructiva. Pensé ¿Merece la pena tanto rebuscamiento, tanta grandilocuencia, para vender una ensalada? Estrujé mi resacosa cabeza empapada en Jack Daniels y busqué respuestas. Al instante supuraron decenas de momentos históricos que me ...