El tornado
Mi madre siempre tiene razón. Daba igual que yo estuviera más tiempo en el despacho del director que en clase. Daba igual que suspendiera hasta el recreo. Daba igual que la mayoría de los profesores le dijeran que mejor aprendiera un oficio, que en el último examen no acerté ni la fecha... Ella siempre pensó que podía aspirar a algo más. Un día amanecimos con la noticia en la radio de la proximidad de una especie de tornado. Aconsejaban no salir de casa por vientos de más de 180 Km/h, seguido de lluvias torrenciales. El patio de vecinos estaba más agitado que de costumbre. Todos hablaban de lo mismo. Cundía el pánico. No en vano se trataba de uno de los fenómenos atmosféricos más devastadores de la Tierra. Una catástrofe en potencia. Un cataclismo. La hecatombe. ¿Y qué hacía mi madre mientras tanto..? Pues ponerme mis botas de agua amarillas, mi chubasquero de plástico rojo y mandarme al cole detrás de un paraguas estampado con el d...