La agenda
Hay dos cosas en este mundo que siempre me han jodido bastante: la injusticia y que me tomen por tonto. Por desgracia, suelen ir de la mano en demasiadas ocasiones. Uno encaja golpe tras golpe desde que el pie toca el empedrado, y se consuela con la sensación ilusa de haber puesto, o no, la otra mejilla. ¿Acaso importa eso cuando recibes un millón de bofetadas? Pues sí, importa. Es justamente por ello por lo que sigues levantándote cada día, lo que hace que puedas soportar a la persona que refleja el espejo cada mañana. Yo soy de los que ya no ponen la otra mejilla. Hace tiempo me di cuenta que así encajaba la mitad de golpes. Aunque también aprendí que no importa tanto cuántos recibes, sino cómo los recibes. Y cómo te levantas de la lona antes de que te cuenten diez. Tras terminar el servicio militar, probé fortuna en el departamento de compras de una potente empresa de construcción, justo cuando empezaron ...