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La chica del café

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     No recuerdo el momento exacto en el que dejé de ser niño y comencé a ser hombre. Hay quien dice que se produce de forma gradual. Un proceso adaptativo. Puede que evolutivo. A mi me gusta pensar que más bien se trata de un fenómeno sumatorio. Te vas recargando de pólvora hormonal hasta que la chispa adecuada te hace volar por los aires.      Fui el primero de mis amigos en besar a una chica cuando aún le escribía cartas a los Reyes Magos. No recuerdo haber pedido nunca nada de eso. A finales de cada noviembre, con la llegada del frío otoñal, mis hermanos y yo nos sentábamos alrededor del brasero. Desplegábamos sobre la mesa camilla el catálogo oficial de equipos y complementos de Geyperman y contábamos cada día, hora, minuto y segundo que faltaban para el bendito seis de enero. No. Ningún beso podía competir con eso.      ―¡Yo este año me pido el oficial alemán!      ―¿Seguro? ¿No prefieres al p...