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Cruce de caminos

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     Aún a riesgo de que se acuerden de Perogrullo, debo empezar haciendo constar que existe una enorme diferencia entre escuchar música y sentir la música.      A los quince años pensaba que no podía haber nada más allá de Elvis. Quería ser como él. Escuchaba su música, veía las películas, leía libros sobre su vida... Escudriñaba cada contraportada de cada disco y siempre me remitían a la música blues como base de su formación musical. Cansado de tantas alusiones al género, decidí profundizar en el tema. Así que tomé el bus hasta el centro y entré en Sevilla Rock , por aquel entonces la tienda de discos más molona de la ciudad.      Rock. Pop. Country. Heavy. Punk. Hair Metal. Glam. Hip Hop. Rap. Disco. Techno. Dance…      ―¿Perdone, dónde está la música blues?      ―Al fondo. Debajo del Folk, junto a la música infantil.      Y allí era, efectivamente...

Americanos

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     El otro día, en el turno de noche, encontrándonos ociosos e inmersos en una insólita epidemia de salud, fuimos cruelmente sorprendidos por el desvelo de la madrugada frente al televisor de la sala de estar. El único canal que se sintonizaba de manera más o menos estable, nos ofreció un western clásico español. No parábamos de encontrar fallos. Mi compañero, y no obstante amigo, justo cuando el indio cherokee lanza la flecha mostrándonos la señal del reloj y la marca de la vacuna en el brazo, no aguanta más y estalla:      ―¡Vaya bodrío! ¡Anda qué los americanos iban a consentir eso enseguida!      ―Bueno ―le replico― a ellos les permitimos cosas que a otros no. Tampoco es justo eso.      ―¿A ti no te ha dado ahora por escribir? ¿Por qué no escribes una historia para una película? ―Continúa mi compañero, no exento de mofa.      ―No me lo planteé nunca, la verdad. Pero me bast...

Sobrevolando Moscú

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     El otro día unos amigos me invitaron a comer a su casa. Sus hijos estaban jugando al Anthen en la PlayStation . Entré en el salón y me quedé como un idiota. Anonadado. Sin articular palabra. ¡Joder, vaya gráficos! Claro que el pantallón del Smart TV DE 65″ Ultra 4K influía. Aquello parecía una película de cine. Intrépidos exploradores que huyen de las insulsas comodidades de la civilización para adentrarse en universos inhóspitos. Moví la cabeza de lado a lado pensando que George Lucas también venía a cenar.      Aunque estaba a años luz de todo aquello, la mirada de los niños me resultaba familiar. Sabía lo que sentían en ese preciso instante. Yo también lo sentí.      Yo sobrevolé Moscú.      Tomé entre mis manos el estuche vacío del videojuego y saqué de su interior el libreto de instrucciones. Lo ojeé por encima. Me lo acerqué a la cara. El olor de la tinta sobre el papel es algo que permane...

El blues del fetichista

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     Convivo peligrosamente con todo lo que pretende atentar contra mi salud. Sé dónde no puedo fumar, dónde no venden alcohol, lo que lleva gluten, los conservantes y los saborizantes, los lactosa free , las dietas milagro, los «sin azúcares añadidos», el aceite de palma, los alérgenos de temporada… ¡Fuera radicales libres! ¡Arriba los veganos! Todo genial. De verdad. Nunca me quejaré por exceso de información.      Pero… ¿Quién coño controla la cantidad de lycra qué hay en un pantalón?      Te subes al metro. Tomas asiento. Es algo aleatorio. Normalmente termino charlando con alguna señora mayor acerca de cómo los cumulonimbos y los nimbostratos afectan a la estabilidad de su prótesis de cadera. Siempre se aprende algo de los mayores. El problema viene en la siguiente parada. Con todos los asientos ocupados, el pasillo se desborda. Un aroma dulzón, afrutado, como a flores, me embriaga al instante y me sumerge en un univer...

Tribulaciones de un actor porno adolescente

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     Cuando te sientes delante del ordenador para masturbarte, recuerda que detrás de esos millones de cuerpos desnudos y sudorosos, detrás de toda esa lujuria y pasión, del cuero y la silicona, de los focos y las cámaras… detrás de todas esas voluptuosas mentiras, hay historias verdaderas puestas al servicio de tu imaginación para que puedas evadirte durante unos placenteros minutos.      Yo fui actor porno.      Los recuerdos de mi pubertad me sitúan agazapado junto al resto de amigos detrás de un enorme Seat 1500 , esperando a que «el Rata» apareciera tras el portal con el último número del Lib o del Interviú , extirpados con habilidad quirúrgica del somier de la cama de su libidinoso padre. Corríamos como almas que lleva el diablo hasta la clandestinidad de la escombrera detrás del polideportivo. Formábamos un corro alrededor de la revista y allí, junto a aquel arroyo donde no hace mucho cazábamos zapateros, dejáb...

¡Bésame, tonta!

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     Por lo visto soy un filemamaniático empedernido. Eso me pasa por leer tanto. Si tampoco sabes lo que significa, te pongo al día. La filemamanía es la denominación científica que recibe el deseo intenso de besar a otra persona.      Un beso no es más que ochenta millones de bacterias y otros microorganismos a la deriva en apenas diez miligramos de agua, grasa y sales minerales. Los antropólogos nos cuentan que es «una forma instintiva de la madre para proporcionar afecto y protección a su cría». He leído a otros que hablan más bien de «un impulso de succión que trata de evocar el período de lactancia». Algunos opinan, en cambio,  que se lo debemos a «la costumbre de algunas tribus primitivas de olerse entre ellos»... Se atreven incluso a relacionarlo con «tendencias canibalísticas». Sea lo que fuere… le estamos perdiendo el respeto.      ¿No me crees?      Cientos de horas de Ballet Fit, Body ...

Misterios del hipocampo

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     El saber no ocupa lugar. Eso dicen.       A los diez años puse a prueba mi hipocampo memorizando las alineaciones de todos los equipos de primera división. Y la verdad es que no quedó mucho sitio para polinomios, análisis sintácticos y el dichoso genitivo sajón. No entraban ni a la de tres. Casi nada de lo que escuchaba en clase permanecía, sencillamente porque el que no estaba allí era yo.      Recuerdo las escasas excursiones con las que nos obsequiaban como una verdadera válvula de escape. Aprender, lo que se dice aprender, no aprendía mucho. Pero era diferente. No íbamos a museos. Ni a acuarios. Ni a bibliotecas. No nos retratábamos bajo ningún monumento de Sevilla. ¿Y a dónde nos llevaban entonces? Pues a la Cruzcampo .  ¿A ver cómo funcionaba una gran fábrica? No, no. ¡A beber! Sin alcohol, supones. Pues no. ¡Con alcohol! Eso sí, roscos y patatas fritas no faltaban, no vaya a ser que se mareen los ...

La agenda

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     Hay dos cosas en este mundo que siempre me han jodido bastante: la injusticia y que me tomen por tonto. Por desgracia, suelen ir de la mano en demasiadas ocasiones. Uno encaja golpe tras golpe desde que el pie toca el empedrado, y se consuela con la sensación ilusa de  haber puesto, o no, la otra mejilla. ¿Acaso importa eso cuando recibes un millón de bofetadas? Pues sí, importa. Es justamente por ello por lo que sigues levantándote cada día, lo que hace que puedas soportar a la persona que refleja el espejo cada mañana.      Yo soy de los que ya no ponen la otra mejilla. Hace tiempo me di cuenta que así encajaba la mitad de golpes. Aunque también aprendí que no importa tanto cuántos recibes, sino cómo los recibes. Y cómo te levantas de la lona antes de que te cuenten diez.      Tras terminar el servicio militar, probé fortuna en el departamento de compras de una potente empresa de construcción, justo cuando empezaron ...

La entrevista

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     No sé si fue por lo qué dije o por cómo lo dije. Pero me hizo sentir especial.      A mi padre se le ocurrió morirse antes de que mi madre cumpliera los cuarenta. Yo tenía seis años. Mi hermano mayor once y el pequeño dos. Nos quedamos perdidos en la inmensidad de la gran ciudad. Una anémica pensión de viudedad, que a duras penas nos mantenía de niños, se terminó de desangrar al toparse de lleno con la exigencia del adolescente.      Lo fácil hubiese sido volver al pueblo, con la familia. Allí tendríamos trabajo en el campo y estaríamos rodeados de los nuestros. Pero mi madre ya conocía ese tipo de vida. Creció pisando terrones, ennegrecida por el sol, calada hasta los huesos por el frío y la lluvia.  Así que sacrificó lo único que le quedaba para poder ofrecernos otras opciones.       Cuando me levantaba sin ganas de ir a clase -lo cual ocurría con excesiva frecuencia- mi madre solía co...

Memorias de un cooperante

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     Dicen que un esquizofrénico es capaz de retener más tiempo los recuerdos en la memoria. Pero si algo les envidio, en realidad, es su espontaneidad.      Aquel asfixiante septiembre fue como el alumbramiento de una nueva vida. El último año de carrera. El último día de estudiante. Recorrí los pasillos de la facultad y me colé en los sótanos del instituto anatómico forense. Allí, en una estrecha pared de ladrillo iluminada por una enorme claraboya, se presentaba el tablón con las calificaciones de la única asignatura pendiente: medicina legal y forense . Si aparecía aprobada… sería médico. Con pasos cortos pero firmes avancé por la galería como si del canal del parto se tratase. Me acerqué hasta aquel simbólico cuello uterino. Busqué mi nombre y se abrió la luz.      ¡Era médico!      Uno de los momentos más felices de mi vida, que no tuve tiempo de celebrar. Una semana después, mi novia me dejó po...